domingo, 17 de mayo de 2015

[The Mausoleum] La psicodelia argentina de HUMO DEL CAIRO


Como bien sabemos, Latinoamérica llega tarde. ¿Qué quiero decir con esto? Pues, la historia habla por sí sola. Si yo digo “stoner”, y si a uno se le viene a la mente bandas locales, uno piensa en los años 00’s para adelante, con algunas excepciones como Los Natas (adelantados a su época) a finales de los noventa. Pero esta movida musical ya causaba estragos en los cerebros de, más que nada, los estadounidenses. Si seguimos con este ejemplo, las mezclas de stoner con tonadas psicodélicas o guitarras cada vez más graves con ambientaciones dignas del recuerdo, no arribarían por estos campos hasta finales de los años ‘00. Así también al norte, este sonido evolucionaría en lo que tenemos por sludge hoy por hoy.

Pero hoy no vamos a ver el sludge per se, sino una agrupación que entra en los catálogos de stoner-rock y heavy metal-psicodélico de finales de la década pasada. Esa banda, conocida como “Humo Del Cairo”, tomaría de las astas al conjunto de sonidos dumbetas típicos de Black Sabbath, los arreglos graves de Kyuss y tintes de Hendrix, Pappo y demás. Es más, poseen un arte de tapa espectacular en su segundo trabajo, gracias a la ayuda del Estudio Gogo Goch, que evoca a grandes como Paul Romano o John Baizley.

Los argentinos, Federico Castrogiovanni en batería, Gustavo Bianchi en bajo y Juan Manuel Díaz en guitarra y voz, darían su primer paso estructural con su disco homónimo del 2007, donde predominan los arranques bestiales y ensordecedores, como a su vez la calma después de la tormenta, llenando la habitación de pasajes hipnóticos, dejando los sentimientos en un desierto cálido y casi sempiterno (si no me creen, escuchen “Nimbo” o “Cauce”).

Luego de varios recitales, actuar de teloneros a bandas bastante importantes (léase The Mars Volta, Judas Priest…si, Judas Priest), y gigs en festivales reconocidos, estos maestros de la pesadumbre, lanzan “Vol.II” allá por el 2011, dejando su marca todavía más fuerte. Desechando los pensamientos con melodías desgarradoras, temas como “El Alba” (parte A y B), nos encuentran en lo más profundo de nuestros oídos, líricas excelentes solamente contrastadas por esos riffs aniquiladores. Además, no se puede pedir más cuando el trío parece sonar como uno solo, al compás de unos parches machacados incesantemente, y unos graves que hacen que el cielo caiga sobre nuestras cabezas. En este caso, “Indios” de manera latosa y abrumadora acciona una montaña rusa de estruendo, técnica y merma de ellos. Incluso alegan esos orígenes bluseros y dan por terminado el larga duración. No obstante, con “Monte” uno puede si quiere viajar a lo más recóndito de su caudal bizarro y pensante, con arreglos de 4 y 6 cuerdas que manejan los hilos de los sueños excéntricos más tranquilos.

La marca de agua de este conjunto es extraña, casi única a pesar de entrever cada influencia en su cabeza. De manera unívoca, crea climas espectaculares que a veces me recuerdan un poco a bandas como Pelican y todo el espectro relacionado. HDC suena a viejo en pleno 2015, armados con un arsenal que va desde la descarga iracunda de violencia hasta ambientes astrales y calmos, acusando una increíble creatividad artística.

Ya para 2014, el trío de Ramos Mejía, pariría “EP1 Preludio” y consagrarían la evolución en sus acordes. Con algunas semejanzas a The Sword, rompen la tecnicidad, agrietándola con riff a puro machaque, pero nunca dejando atrás las raíces, obliterando el espacio-tiempo con sonidos eternos que desmenuzan el aire, sonidos que se aventuran por un camino hosco y simple, dejan al escucha en un estado de regocijo musical extremo. Composiciones como “Tres” o “Gigantes” dan el parte de lo anteriormente dicho. Ahora si deseamos puro pogo cerebral, entonces acudir a “Sepia”.

En fin, “Humo…” es un sinfín de estallidos sucesivos, teniendo en cuenta los múltiples riffs pulverizadores, con ápices cálidos, a veces recubiertos por finas capas de susurros apacibles, los cuales toman forma de baladas (¿?) acústicas o simplemente atmósferas inteligentemente hilvanadas, rematadas por influencias ya conocidas pero con una conexión diferente. Estos muchachos que crecieron de a poco, son objetivos del “boca-a-boca” para llenar sus conciertos de gente (feliz). A su vez pelean el día a día, y gracias a ello el futuro ya se ve menos incierto para ellos.

Por último, debo decir que es una banda que a los pocos días de haberla escuchado ya me había embaucado en sus garras, y suenan tan bien en vivo como lo hacen en estudio. Para más información, esta posee Twitter y Facebook como también un sitio propio en construcción. Si pueden péguenle una escuchada y disfruten.

Por JosMor.-